viernes, 12 de septiembre de 2008

Sinceridad


Quisiera escribir y no parar, quisiera decir algo que no sea gastado ni trillado ni confuso, abalanzarme sobre el teclado y escribir, plasmar mis emociones en palabras y darles vida pero a veces me resulta tan difícil. Desde que decidí dejar de quejarme me cuesta mas trabajo hablar, es ilógico tal vez pero en el pasado he relacionado tanto las letras con el sufrimiento, eran un desahogo, un intento por no caer al vacío, eran las palabras una balsa para no hundirme. No puedo decir que mi alma contenga los mayores sufrimientos o las vivencias mas extraordinarias, pero si puedo afirmar que en mi ha sido relevante cada momento, que desde que conseguí ser dueña de mi vida, de mi libertad, la abracé fuerte como para exprimirla o tal vez para que no me la quitaran de nuevo. Hoy no se porque pero quiero hablar, desarmar un poco esta muralla de ideas que soy. Fui una niña feliz, no lo niego, en la soledad de mis días aprendí a pensar, a soñar, mis tardes transcurrían en calma pero yo vivía sabiendo que algo en mí quemaba como el mismo fuego devastando cada fibra de mi cuerpo. Encontré en la música un refugio, un espacio para escapar brincando entre teclas blancas y negras, un espacio para no pensar. Amo la soledad, la he amado desde muy niña, la he traído conmigo a cuestas como un costal y nunca he pensado siquiera en dejarla de lado, sería una traición a mi amiga más leal. Desde hace tiempo que vengo mezclando la música con las letras, con el dibujo, con el baile, todo para no pensar o tal vez para poder seguir pensando, pero en ideas que poco o nada tengan que ver con mi vida, navegar en mares ajenos a mí, hundirme en aguas profundas para escapar, para alejarme de todo y de todos y con la única finalidad de no estar. Es tan delicioso, tan d-i-s-f-r-u-t-a-b-l-e no estar, es permanecer pero no pertenecer, estar sin formar parte. Nunca me gustó inmiscuirme de mas, la gente de alguna manera siempre me dio miedo, es difícil de explicar pues este miedo me permite moverme entre la gente con una confianza plena, con la certeza de que lo que ha de ser, será, casi siempre espero lo peor eso justifica mi calma, poco puede sorprenderme. No tengo miedos además de este, todo lo demás me resulta tan cierto y necesario como mis propias letras. Del amor qué puedo decir, he amado, me han amado, he engañado, mentido, entregado, adorado, llorado y sufrido como cualquier otra persona, tal vez con más exageración que el resto. Hoy a ratos me prohíbo soñar y me pongo a barrer o trapear o limpiar la casa o mirar a mi hija mientras duerme, ahora entiendo que entre la gente a quien mas miedo he tenido siempre es a mí.

1 comentario:

Damasco. dijo...

El miedo a uno mismo es una cosa bárbara, es una realidad latente no solo en tí, te lo puedo asegurar.